Artes marciales y salud mental
Sin embargo, las artes marciales tradicionales aportan una serie de beneficios adicionales debido a sus sistemas holísticos de educación conductual y su enfoque en el desarrollo personal y el autoperfeccionamiento. Veremos algunos de los puntos a continuación.
Atención plena y regulación emocional
El entrenamiento de la "Meditación en movimiento" durante la práctica de Kata puede funcionar como una herramienta de regulación emocional, reduciendo la ansiedad y los patrones de pensamientos obsesivos e intrusivos. La "Meditación en movimiento" se produce por la exigencia de mantener una atención plena constante sobre la propiocepción y el entorno: el concepto de Zanshin, una atención relajada, continua e ininterrumpida que pone el énfasis en el espacio y la reacción frente a lo imprevisto. Las revisiones sistemáticas a los estudios de M.A.Fuller (The effect of martial arts training on mental health outcomes: A systematic review and meta-analysis) documentan que los practicantes de artes marciales poseen una mayor estabilidad emocional y menor ansiedad que los grupos de control.
Control inhibitorio
Las artes marciales tradicionales también ayudan a la autorregulación y la inhibición de los impulsos. Mediante la memorización de patrones y secuencias complejas durante la práctica de Kata se entrena la corteza prefrontal del cerebro. Esta práctica requiere mantener una gran disciplina y trabajar con fluidez, controlando la precisión y potencia de cada movimiento. El estudio de Lakes, K. D., & Hoyt, W. T. (Promoting self-regulation through school-based martial arts training) concluye que los niños que practican artes marciales tradicionales muestran mejoras significativas respecto a la autorregulación cognitiva y emocional que otros que solo practican educación física estándar.
Paradoja de la agresión
Contrariamente a la creencia popular, la práctica de artes marciales tradicionales no hace a los practicantes más propensos a la violencia, sino lo contrario: esto se conoce como la "Paradoja de la agresión". A través de la práctica constante en un entorno seguro donde los practicantes se exponen al conflicto de forma controlada, transforman agresividad en asertividad, reduciendo las tendencias hostiles. El estudio de Vertonghen & Theeboom (The social-psychological outcomes of martial arts practise among youth: a review) realizó un revisión exhaustiva sobre los efectos socio-psicológicos del entramiento tradicional en comparación con un entorno de deporte puramente competitivo.
Autoeficacia
La progresión mediante un sistema de grados, el aprendizaje progresivo mediante mejora y progreso personal reconfiguran la percepción propia de los practicantes, reafirmándolos y empoderándolos. La superación de la incomodidad física controlada, el dominio de una técnica tras una dura práctica proporcionan experiencias de dominio constantes. Según Albert Bandura y su Teoría de la autoeficacia: aquellas personas que se creen más capaces de llevar a cabo una acción suelen obtener mejores resultados. También podemos citar el estudio de Angela Schaffner (Breaking Through Fear: The Use of Martial Arts in an Eating Disorder Therapy Group) donde un grupo con trastornos de la alimentación mostró significativas mejoras en la autopercepción y la autoestima mediante la práctica de artes marciales tradicionales.
Factor psicosocial del ritual
El factor ritual de las artes marciales tradicionales también es un factor que influye en la salud mental de los practicantes, mejorando su autoestima, reduciendo la ansiedad y el estrés. El valor de los rituales de cortesía, el respeto, el espacio jerárquico predecible y la uniformidad crean seguridad psicológica. Esto se conoce como "Terapia del marco" donde podemos citar los estudios de Vasilescu, F. I et al Martial arts training as a framework for consolidating psycho-behavioral qualities in young athletes.
Conclusiones
En resumen: la práctica de artes marciales tradicionales puede proporcionar numerosos beneficios para nuestra salud mental que complementan a aquellos que se obtienen por una actividad puramente deportiva. Por último, hay que recordar que las prácticas saludables son positivas pero no pueden o deben sustituir a tratamientos y consejos profesionales. Cuidar nuestra salud mental es tan importante como cuidar nuestra salud física.

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